Porque era así camino entonces la sal
de todas las bocas que llevaban agudos
en los verbos,
la extraña aguja plantada,
el extraño sortilegio del día de las apariciones
en el cuarto de las llamas,
Crecias, crecias en asombro
péndulo en el orificio del ladrillo que aprendió a saber
de tu ojo,
reloj oscuro,
lluvia que no merecia la puerta derrumbada
la caries de los años,
el óxido crispado en la uña de los gatos,
el machete abriendo el cuello de los gatos en la eterna huida del otoño,
el barco de plástico,
el barco de plástico,
el barco de plástico en el charco del niño muerto,
la hoja múltiple en que los perros saltaban a sus manos,
pero el poeta tenia la prisa de los libros que permanecían bajo un arco de barro,
sabía de las llagas tan temprano,
volvía de temblores lleno de gusanos,
ardía en cóncavos de extraños, viene y luego viene
y sabe que está muerto pero brilla el epitafio,
lleno de calles, lleno de lúgubres anclas ya sin barcos,
pegado a las grietas camina con el sol en las paredes,
tiene torcidos los labios,
los pies cansados en un raro sabor a despedida que encuentra a cada rato,
y le queman los labios,
y le quema la angustia,
y le arroja si puede piedras a los charcos,
porque no es poeta sueña en el infierno,
porque no es poeta escribe como un loco,
porque a veces sube laberinto de la carne
al puntal de astros que hormiguean en los ojos
de los perros que ladran en silencio,
de la estatua mineral de un mar que ya no espera,
de un inciso curvatura en los dientes del difunto,
luego viene en tempestad remolino de las púas,
para encender un cigarro
y copular con la luna.
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