miércoles, 26 de septiembre de 2012

Llega despacio, no azotes la tapa del ataúd,
repíteme al frío oído
¡el viento no fui,
ni la sangre ni el reloj,
no he sido la boca,...no

Desnuda, toda desnuda,
de arena y viento desnuda,
¿de boca y voz?
desnuda de hierro dogmas,
de todos los muertos
que están en el rencor.

Deberás llegar desnuda y borracha,
deberás oler a sudor,
deberás llegar desnuda,
al último,
cuándo ya no sea, si es que fui...
algún día...yo

Así al momento de tu desnudez
por fin seré tu mano,
la tarde de huida
al extremo del mar,
el dulce vicio de tu seno...
tu oscuridad.

Más, que infelices fuimos en el ardor de las aceras,
tropezando entre las voces,
entre los ojos,
entre las tardes de manos enllagadas,

buscando la cruel moneda,
alimentando de sombras las mañanas,
que infelices fuimos,
amor,

¿dónde estamos?

que infelices...
y cuánto nos amamos.

domingo, 9 de septiembre de 2012

¿y vale la pena golpearnos los labios?

¿Qué le pasa a la noche cuándo lleva el miedo de luna queriendo horadarle el secreto?
¿qué le pasa a los perros del hosco cardumen guardado en la caricia barata?
Voltear a la calle para buscar al pajaro de nubes, voltear a la esencia de la rama,
¿del alma?,
despegar los pies de los sueños para no golpear los cráneos,
para no cerrar heridas.
 
Más yo no sé de la palabra que levante el orgullo, ni de las bandadas en flechas de lumbre que deshagan rapido las tristes pisadas, voy a penas y luego el dolor de las marcas,
¿qué se yo de las improntas que salten a la risa y a los desahogos?
 
Tendríamos que azúcar moldear las manos y luego y la lengua para poder salir a la calle y no hacernos daño, tendríamos que bestias amables tocarnos, tocarnos, acariciarnos de estrellas de minúsculos aires
que cambien miradas por sables.
 
Y unir la garganta para dejar que la rabia estalle y tocarnos los labios despacio para no despertar a las flores, marcharnos de polvo dentro de los zapatos y luego la calle por la calle dentro de la calle para unir las costumbres de gritar en silencio
para no despertarnos del miedo.
 
Me llevas en el centro de la eléctrica memoria pero sigues sin recordarme hasta el próximo trueno, hasta el día del corazón en los pájaros que lleven la antorcha a los pies del agua en la piedra,
a los nidos de arena que construyen los hombres de fuego,
a los centros del hambre cruel signo de la moneda,
a los ardorosos abrazos pasados los grises catafalcos.
 
¿y vale la pena golpearnos los labios?
 
 
 
 
 

martes, 4 de septiembre de 2012

La Voz en los esqueletos.

Para que quede claro primer llanto y abrir de ojos
en la arena, en las palmeras de setenta veces y uno
y la madre joven, morena, llena de tierra en la memoria
llena de pueblo, llena del hombre ya maduro, del hombre
tezón del desconsuelo.

Pobres, pobres como la luna, pero de mar a cada rato
aceite de palmera cada vez del hambre,
cada vez del sudor bajo los brazos,
cada vez de sol poniente profundo del infierno
en los mosquitos de las nubes
calor de madrugada de los perros.

Y así calle de piedra, pozo de piedra,
por que las costas son grandes barcos de remansos
alquimia entre los mangles y los ojos
de los marineros árboles sin pájaros,
por que uno no sabe
cuando la virtud de la llegada cuando la presencia
en los adioses.

Y uno no escribe por que aún no alcanza la muerte tan temprano
y espera la noche y la noche y la noche de los años,
y la noche de los daños,
y la sal de las heridas, y las púas del alambre,
a que decir del veneno en corazones
adquiridos en la sombra de hoteles de paso
lamidos en alcoholes después del desengaño.

Entonces es cuando la serpiente que no habías de odiar
llega a enredarse lapiz de las hojas, cuadernos de noctámbulos,
carbones del aliento, tinta de las flores en las tumbas
de los muertos.

Entonces es cuando el brillo de los ojos
arcos superciliares fisuras de la lluvia contenida
de la lluvia bajo el plomo en los huesos de los rostros,
la nausea de no hacer nada, la nada de no hacer nada,
la dura lengua envenenada critica por que no haces nada.

Y así te llega (me llega) (me llaga) desde no se que
terribles espirales la voz de los aullidos en la risa
de los muertos, los que viven, los que lloran, los que no saben,
aun no saben que ya están muertos.

Pero a pesar de la opaca voz de la garganta
cambia el péndulo en el agujero de gusano
hacia un universo paralelo parecido muy parecido
al mundo de los sueños.

Para volverse razón de la locura cada vez que amamos
cada vez que cuerpo en compostura, cada vez que aguja
de metano, cada vez que Kafka Vallejo Parra cada vez que
marea inconsistente en los orines de las grietas.

Por donde el pueblo donde la muerte llega a cada rato
y cuando llega es un dolor incontrolado
y el dolor es una fiesta
y la fiesta es un milagro.

Así que ahora me conoces
candil de los abismos
voy a la lumbre un rato
voy a sacarme los ojos.

Llámame por mi nombre
soy la voz de los despojos
álgebra de los gatos.
 
Tengo la sangre en el hondo viento
humo de las trincheras,
lo que aprendí de la escuela
lo llevo en las piedras.
 
De galaxias polvo humo
de las estrellas, astros de los lamentos
vuélvete a la voz
a la voz en los esqueletos.
 
 
 
 



lunes, 3 de septiembre de 2012

Casi al borde de la razón

Casi al borde de la razón
la locura del resuello
tenía de verde y la equidistancia
era una sirena de tu seno
tosías y tosías como si quisieras
derrumbar el esqueleto
como si no alcanzara
la panela de la taza
almizcle entre tus piernas
bajabas y luego el enrojecimiento
de las glándulas
férula del hombro
por que te amaba casi a rastras
y de tu boca salían mil demonios
llenos de sortilegios
¡no, no apagues la luz
gritabas!
es más rico el arrullo
de la luz
bajo la cama
De pronto la píldora
de todas las mañanas
y sin dinero en los bolsillos
y así se te hiban las ganas
así fue como comenzaba
la ceniza de la amnesia
el olvido de la lluvia
pero regresaba
siempre regresaba
y tu eras la cruel mariposa
el ombligo del camino
cartón de los que lloran
Ahora ya no huele
tu recuerdo
ya no duele
dibujo en los perfiles
nariz de los desaires
pero aquí la mano
y la quijada
y el antiguo gemido de
humedales
pero ya no duele
blancura de tus ojos
axila del escombro
Esta loco y luego
una noche me golpeaba
decias, decias
rincón de no me olvides
arrullo de tus ojos.
La muerte cobrará
por mucho
la distancia
del despojo.

sola, soledad de tus delirios.

Te besaba pero el olor a cerveza eructaba náusea de la noche, llegaban los brazos hasta las lejanas paredes y tu observabas la baba que escurría de la boca, y luego la escafandra en la mentira y la sonrisa en la mentira y la alúmina de rostros en la mentira, y tu cuerpo lleno de fruta en la mentira.
 
¿Porqué tiembla la noche en el hueco oscuro de tú noche? me llevas al vértigo y luego los nopales ya no nos representan, y luego viene acultura y extiende su capa negra para que enferme la memoria de los valles en los perros con el llanto en las lagañas de la luna.
 
¿Porqué gime la noche, porqué la puerta del miedo? Volvías y así toda la cama sin las tablas de la espalda, cajón como una tumba, pero yo te amaba, te dolía y me dolía y te amaba y tú no amabas y era el asma la caricia en el gatillo de las ganas.
 
Fue aquí en la estufa del silencio que encendiste la rabia, el golpe de sangre en tu vena amoratada recogida en las pirámides de tus pueblos, y así los ojos de la orquídea y así la llama del lenguaje, penetrada desde el ámbar en la lengua de los huesos.
 
¡Ah memoria encallecida en el íntimo rasguño de la lumbre, ah lengua enmudecida en las lozas de las flamas, y luego el barro que era el lodo del pelambre en las ojeras, y luego el ojo combustóleo en la negrura de la boca!, ¡ah lengua muda llena de penumbras!
 
Y el grito el grito el grito venía en los oblicuos de los grillos tempestades para que viniera la fiesta del barbado, para que viniera la fiesta de la cruza en los caldos de las vértebras, para que así pudieras dormir miles de años sin que el dolor arrancara tus manos.
 
Para que así pudieras derribar la piedra adorada, la imágen sagrada en los templos del estuco y la pluma del olvido en los quetzales de cenizas, mete ahora la cabeza dentro de la roca y ve que la hormiga de los tiempos se acomodan en la sombra.
 
¿Y de dónde el insomnio de tú carne? ¿y de dónde la sed de tú veneno? ¿y de dónde el dolor de tantos años? haz un hueco en la espiral de profecias, haz un libro en el costado de la lanza, en la dulce soledad que te castiga.
 
Por que ahora viene la alambrada del incierto, caliz derramado en las líneas de las púas, eructo auricular en los pómulos del robo, mínima hora de un tiempo que no existe, mínima falange entristecida de los hierros.
 
Sé que lentamente visto la blancura del vacio, la frágil orfandad del alfabeto, la huella que penetra hondo muy hondo en los cadáveres azules de los credos, pero tú el hombre y tú el olvido, pero tú la sola...
sola, soledad de tus delirios.