lunes, 17 de diciembre de 2012

El fin lo vi una vez.

Burlado al fin de mariposas andróginas inmutables el cansancio en los terciopelos de la boca hambrienta y la pus directa en el centro de los odios y los gritos antes de todos los milagros.
 
Desesperado de tus ojos que son y no son y no los veo cuando miran tanto. Te quiero.

El fin fue vasto y expresivo en ese café de tarde, los primeros misiles y obuses taladrando la pantalla de una televisión de los noventas y una guerra anunciada y esperada en todos los hogares. Y caminar al lado de ese café presintiendo que tú estarías viendo las noticias y estarías sintiendo nada. Se me figuraba, no sé, pero, tal vez te gustaría ver como brillaban esas luces en el cielo oscuro, cómo taladraban su música de artillería moderna, su metal amargo. De noche, con todos los amantes recostados y cansados, de noche con todas la alambradas solas y todas las madres amamantando, de noche y de noche era en la pantalla, pero la pantalla era negra y las luces la alumbraban, y no había sangre en la pantalla, y no había el desgarrado grito en la pantalla y no había los miembros cercenados, y los niños, supongo que estarían jugando con el tiempo que se derretía como nieve de fuego en los ojos que tenían y que ya no tenían, y tú, supongo que estabas desnuda en tu cama y con las manos cansadas, viendo pasar una guerra moderna, una guerra anunciada, una guerra con spots de colores y productos varios.

El café iba a los labios como iban las mariposas andróginas inmutables al centro del vaso.

Y ahora tú, viéndome de frente me hablas de un fin. Yo no entiendo tanto pero te amo, porque desesperado de tus ojos que son y no son y no los veo cuando miran. Y es tanto el fin que pronuncian tus labios, y es tanto el fin que presencian tus ojos que todo el mundo lo habla y lo mira tanto.
 
Yo no sé a que fin se refieren.
 
Yo no sé sin pantallas oscuras y madres amamantando.
 
Yo no sé a que viene el espanto.
 
El fin lo vi una vez,
 
en un café,
 
una tarde.
 
 


miércoles, 5 de diciembre de 2012

Su propia lengua y catafalco

Castigar la sed es adentrarse al hueco de la mano que pide,
las líneas del tiempo digital que ya no el reloj de arena,
que ya no el aluminio reflejando el labio diciendo te amo,
la locura que ya no se compra con alucinógenos baratos;
castigar, castigarse porque le pierdes el miedo a la muerte,
y la muerte te acaricia a diario,
en el borde de la calle,
en el odio de la esquina,
en la boca que calla y el ojo que mira con machete mellado;
voy a ver la transparencia del sueño que no puedo aferrar con mis manos,
por eso, trato de morir a cada rato,
a cada vez del caballo negro espueleado de las ingles y la lepra prometida,
por eso desgasto mis años en la fiebre de la piedra,
en la grieta de los libros que se comen los gusanos,
tuvo una vez un amigo pero su cráneo quedó esculpido en la roca de los cerros,
lo mira a diario,
y lo entierra a diario,
por eso la ventana deja ver su lista de barcos de plástico que zarpan al naufragio;
entre la duda y la certeza ya sabe que sus ojos son sus manos,
y toca todo cuando mira y cuando mira queda ciego,
y ciego y frío se esconde entre húmeros y escápulas,
tiene rojos los ojos
y clara la impotencia de saberse agujero mínimo entre las enredaderas de las brazos que intentan asfixiarlo,
de las brazas que son sus carnes y su calle,
de la mujer que no llega y cuando llega es festín de tanto olvido;
tiene el tiempo necesario para escarbar su propio abismo,
su propia lengua y catafalco.

martes, 4 de diciembre de 2012

Monotauro y hambriento.

Lo veo y monotauro hambriento y con tanta sed en la garganta que no le pertenece.
Lo veo y azul gris del mercurio desprotegido
porque las aristas del espejo le recuerdan con látigos de memoria madura la dulce candidez de la pequeña y de pequeña mano, pero, no,
avanza mejor y avanza y cuenta dos de tres cada vez de que las tumbas estén cerradas
y no vean desde las rosas de las hipocresías los cuentos de tantas señoras aburridas,
de tantos fantasmas egoistas.
Entonces preferí hacerme comer por los perros de roca que merodeaban tus anclajes,
lastima de noche, dije,
y toda la luna era una puta que no solo alumbraba,
sino veía y veía ahí toda desnuda sin fumarse nada, sin meterse nada.
Las vallas, las vallas, gritabas,
pero yo,
desde el celular en mano solo pude ver la mancha de tu cara,
la enorme gota de sangre corriendo por tus ojos de espanto,
y el tiempo del receso es solo media hora,
lo que no alcanza para abarcar completamente el desierto de tu angustia,
la facil cavidad de tus mínimos espejos adentrandose en la mugre de las uñas.
Así que de prisa caminé sobre los gases repartidos a los ojos,
al olfato que aulla, a la pierna que tiembla,
pero, tú estabas ahí y me mirabas con recio miedo,
y yo creí que estaba vivo cuando le volví a ver,
monotauro y hambriento con tanta sed en la garganta que no le pertenece. 

lunes, 19 de noviembre de 2012

Bitácora de Guerra III

Los jóvenes miran la pantalla y son felices,
y también se enamoran a distancia
como antes se hacía con las cartas echas a mano
y una desconocida sin rostro leía casi llorando.

Los jovenes tienen internet y saben que detrás de las
pantallas y las redes alguién los ama, pero miran
en los espejos y saben que lo que miran no es cierto.

Es entonces que alistan el herraje y la montura
se pintan bigotes revolucionarios,
otros se alistan a la estación más cercana
y esperan a la gruesa y negra locomotora
que habrá de llevarlos.

Preparan la oxidada arma y se untan gel en el cabello,
ellas, hacendosas como siempre
muelen el maíz y bañan a los caballos,
soldaderas sin pago y con hambre,
se maquillan de negro las pestañas.

Y así, se toman una foto de frente o de perfil
con el rostro más limpio o el más iluminado;
con espuelas en las botas,
y como los más antiguos hacendados
de grandes sombreros
marchan en multitudes
hacia las trincheras...

"suben" las imágenes perfectas
a la red social
y vuelven a la escuela...
o al trabajo.

Bitácora de Guerra II

Uno es todas las estaciones vacías,
todas las ventanas llenas de tizne,
porque le he escrito a mi cuerpo
un mapa de úlceras y cáncer,
un sordo y duro boleto;
una puerta fácil de abrir que no quema
como queman tantos muertos.

Uno es todas las ramas de los árboles,
los pozos de agua y todas las balas
que se humedecen a diario con una sangre
que no nos pertenece.

Uno solo camina entre nopaleras y desiertos,
entre caravanas de gente triste y mugrienta,
entre ollas de barro esperando la mano,
la boca hambrienta,

Uno es el niño que siempre tiene los ojos
muy abiertos, como asombrándose de tanta cosa
que no existe y juega con ellas,

Uno ve en los libros y estampas al héroe
y su largo llanto
mojando un papel oscuro.


Bitácora de Guerra I

Este reloj de arena que son mis ojos,
este azul oscuro de los vacíos,
esta múltiple sombra que me controla me lleva al valle de la metralla,
al grito de fuego en los paredones,
al labio torcido por la rabia envasada en botellas de humo,
a los pies llenos de rasguños por la alambrada hostil
de la roca cruel que no sentía si Adelita se fuera con otro,
al metal ardiendo entre ceja y ceja por la carabina treinta treinta,
a sus ordenes mi comandante ya podemos empezar a comer mierda,
llueve a cántaros y este ferrocarril oscuro que nunca llega,
¡preparen!... ¡apunten!...
las sombras de la tarde en las trincheras de cananas y nopales,
los ladridos de los perros y las sombras solo las sombras,
mírame bién en los jacales,
en los ríos llenos de cuerpos y piedras,
no vayas a la hacienda "miliano" no vayas,
¡la cucaracha, la cucaracha ya no puede caminar!,
porque el humo en las neuronas para no sentir la mugre de los labios,
la pierna gangrenada y fragmentada en varios continentes,
la comida rancia,
la comida que no había y que no habla;
para morir a diario soy el que no he sido,
que no ves que ya soy otro en el papel que no respeto ni sus reglas,
¡vámonos a la bola que hay vienen los pelones!,
bolas de masa y paliacate para la comida,
bolas de saliva atragantada en el pecho,
bola de metal herrumbre en los cañones,
mugre en las uñas y los gatillos,
mi querido capitan no se me muera viene el refuerzo "dorado" tras la loma,
mira el campo son tantos los ojos que ya no miran,
tantas sombras de caballos negros que caminan
sin sus cascos;
pero ya alumbra la luciérnaga,
ya suena el campanario,
ya nos hará justicia la re...
¡fuego!...

martes, 13 de noviembre de 2012

Guerrero de mil batallas.

Que falsos esos tus gemidos a media noche
y la noche es buena y no se molesta del zancudo,
de pronto el perro y su lamentable aullido lleno de dolor,
lleno de llanto,
lleno de lagañas en los ojos,
¡es la aparición!
gritabas enardecida penetrada debajo de las sábanas,
el perro está viendo un fantasma,
¿dónde?, ¿dónde?
mientras la abuela le mentaba la madre a su anciano hombre
guerrero de mil batallas,
el perro ladra que ladra,
su escape es el metal de rejas a esta hora tapizada,
llora el perro y la luna lo consuela;
que larga está tu lengua y qué eterna esta primavera
¿son reales tus ojos?,
el perro llora que llora,
¡cuánto dolor en su ladrido!
¡Es mi tío la aparición!
¿pero, porqué pena?,
el techo tiene mugre, los libros ya no caben,
¿te vas a quedar otro rato?
¿y si me vuelve el asma?
¡a cuántas constelaciones está tu trabajo!,
¡pinche perro, no se calla!
¿pero porqué está penando?
Mañana me compras velas de esas que espantan muertos,
¡quítate de arriba ya tengo sueño?
voy a dormir un rato
te encargo las velas y el agua,
¿porqué siempre me estás mirando abajo?
(Que falsos son tus gemidos)
(cuchillos llenos de óxido)
pobre perro ¿qué mira?
¿porqué sigue llorando?

lunes, 12 de noviembre de 2012

Rimel azul cobalto.

Me mordías y luego te hacías la que no hace nada,
me mostrabas tus dientes blancos,
tus piernas blancas,
tu rimel azul cobalto,
y luego desaparecías sobre la rueda,
dentro de la rueda de los primeros besos,
dentro de mi mano
que nunca estaba afuera de tu blusa ni de tus feas bragas,
y tú llegabas y la piedra era la silla,
y el caracol de piedra de la calle oscura donde
la gente hacia sus necesidades,
porque era el pasadizo continuo
de los que crecían al amparo de la luna en los infiernos
de esa tierra de mangles y patos silvestres,
pero eramos pequeños, muy pequeños,
y mi casa era la roca,
el duro complejo y el primo pequeño,
vivo y pequeño,
quién iba a pensar que ya nadie pagaría su entierro,
y ahora solo queda su estatua de nada,
ni de sal, ni de huesos ni sangre siquiera,
talvez el camino de tierra y madera
en el patio junto a los árboles que ya no existen,
junto al perro que ya no existe,
junto al pozo de piedra que ya no existe,
junto al barco y las corrientes de agua en la calle
que ya no existen,
junto a la mujer que se bañaba desnuda en el patio que ya no existe,
con el agua que ya no existe,
con la mujer que ya no existe,
con los ojos que veían que ya no existen;
pero, así el carril del concreto que todo lo cubre,
pero así la blanca mano, la blanca pierna,
el rimel de cobalto que ahora se ahoga en un libro oxidado.
Vemos y viste pasar de constelaciones y aprenderlas y nombrarlas
diferente en cada gota de lluvia,
en cada vez que la garganta come y se ulcera por la nicotina,
en todos los libros leídos
y los libros muertos,
en todos los espejismos de cada borrachera,
así pasó tu frente y tu entrega,
en las manos llevo tus años,
tus largos tálamos,
tus ojos de cera,
la pus y el orín amargo
de tenerte nunca
en el caracol de piedra,
ya solo objetos extraños
televisión que envenena,
entre el ir y venir
como de mundos paralelos
este aire, este aire,
este aire de noviembre,
en el alambre hay cien pájaros tristes,
la muerte los observa.




jueves, 8 de noviembre de 2012

Tú no crees en vampiros.

Tú no crees en vampiros,
mira que lindos alcatraces
sobre esas lápidas recien estrenadas,
parecen un mural de Rivera y dolor de Kahlo,
¿quién es Rivera y porqué llora tanto Kahlo?
¿a qué no adivinas cuántos huesos están ahora incendiados?
deja de leer hazme caso un rato,
el sepulturero va riendo, mira, mira,
tal vez no le duelen tantos muertos,
tal vez los muertos están riendo, bueno tal vez,
escucha, ¿escuchas? son risas
y en el otro túmulo
alguien está buscando algo con una
lámpara,
¿ves la luz? ¿no ves la luz?
los árboles ya descansaron del fuego extremo
enredados en sus labios
y aquí hace frío, se siente frío
y las agujas taladran los campanarios.
¿Vendrán? ¿tú crees que vengan?
hay tantas hojas secas y con hambre regadas en los vasos,
las ramas se mueven listas para el grito inalcanzable que es la noche,
¿tienes miedo? ven abrázame,
respiras como si no tuvieras rastros,
traje la cruz de madera y la estaca, no encuentro los ajos,
pero no importa, te tengo aquí.
Cuánta gente viene y traen paraguas negros
y ropa negra y vienen llorando,
¿porqué lloran? no, por ahí no pasen, por ahí están rotos los espejos,
por ahí duermen los pájaros,
por ahí no, escuchen, escuchen,
dentro de los laberintos que es la tierra
crecen y se multiplican,
voy a ver del otro lado,
tú espérame aquí,
¿porqué no me miras cuándo te hablo?
ay de tus raices cada vez que vienes
y hablas de la aurora
y hablas de la gente que ya no existe
y de las tantas horas de la calle
y de la tanta sangre de la calle
y luego no crees en vampiros, te contesto,
y tu haces como si nada, pero bueno,
espera aquí, espérame amor, no tardo.
sigue leyendo, pero,
¿tú también lloras?
¿porqué nunca me besas?
porque nunca me besas
¿porqué nunca me besas como yo lo hago?

  

sábado, 3 de noviembre de 2012

Temporada de calabazas V

Labios que fueron manos,
manos que fueron húmedos genitales,
los insectos en los ángulos de las telarañas.

Muy pequeña la voz, muy pequeña,
y el hartazgo de la sangre y las balas,
el listón negro en las muñecas laceradas
los ríos llenos de voces sin cuerpo.

el olor de la naranja, del azúcar, de los cráneos con nombres
en los niveles tradicionales de Mictlán, de los inframundos
todos y todos los esqueletos.

Supiste del hombre y su ventana
del camino verde en las flores amarillas
supiste de la niebla en los ojos
del frío y del óxido en las cuchillas amargas.

Te poseí como se posee un deseo,
una alucinación dentro de las grietas,
un instante que fue
cada vez, aveces,
entre los cercanos muertos.

Temporada de calabazas IV

La pared y el papel picado,
la hormiga comiéndose los cráneos.

Paloma dentro de la jaula.
No quieren que grite que no diga nada.

La niebla viene
en los cuellos de los pájaros.

Tú y los muertos
son el paisaje de esta ventana.

Temporada de calabazas III

La visión tardó un poco en desaparecer
pero el incienso descubrió el enorme poderío
de los dulces recién comprados.

El camino de flores amarillas empezo a clarear
desde el primer nivel hasta el último, los vasos con agua
temblaron desde sus cimientos de panes y cráneos.

La visión tardó un poco más en
volver a aparecer, con toda la
bestialidad que causa un negligee rojo,
dentro, un cuerpo lleno de ganas
sin sangre y sin huesos.

Poder tocarla, desde el incienso
hasta los ojos.

Temporada de calabazas II

Desear desde la tarde y recostado en el vacío,
vacilante el descuido de la mesa,
arrojado al extrañamiento de toda tu mano,
de toda tú y el encanto de las venas.

Está ya la naranja, el cigarro y el tequila
que se beberán invisibles y extrañados
de tanto color en la azúcar de los cráneos.

El baile de las medusas y la línea
que lleva es otra pérdida de tiempo
si no vienes ya desnuda.

Desnuda, antes de que te vayas
ardorosamente penetrada
por debajo de la puerta.




Temporada de calabazas I

Era normal, muy normal, salida del trabajo
y luego el descanso, tú ahí, empotrada,
hasta que se disipa la niebla hasta que ya no duelen
los ojos.

Penetrada, y cálida mano que no se sacia,
mínimo sueño prohibido
si lo supieras. Rosa en los labios.

Pero desde la calle el murmullo
golpeando las ventanas y el vidrio de
los vasos llenos de agua,
los ojos tuyos llenos del desfile de los muertos
que llevan a otros muertos.

Luego sacudías la piel llena de flores amarillas,
asi llegabas y amabas, de vez en cuando, cada año,
cada día de muertos.

jueves, 4 de octubre de 2012

Un perro cualquiera.

Estoy viendo como caminan,
como llevan en la prisa
la máscara del otoño,
cuánto hielo en la escafandra,
cuánto golpe en mi pelaje,

aullo, porsupuesto como todos los perros
reconstruyo mordidas
en la angustia recitando
a las hormigas bajo
las púas,
alambradas
alambradas.

Me quedo ciego
en el día
cuando no tengo dudas,
me abrazo a la noche
y sus secretos de pulgas,
a veces soy invisible,
a veces soy el golpe
en el hocico
con el palo
de la escoba,
aullo y amanece
de lagañas,
amanece y nunca supe
que la tierra era redonda.

Tengo el sueño
revelado en la ojera del salitre,
cada vez que el mar,
cada vez que el fantasma
que nadie mira
que nadie cree,

sé que ladro como un loco,
pero no tengo motivos
para guardar razones
en los ojos de los huecos,

estoy absorto del que llora
y del que pide.

Mi voz es una úlcera
que vive en mi garganta,
sé de cuerdas de árboles
que queman,
tengo tus años,
aún no nazco,

soy un perro
cualquiera:

y todo me parece
una orgía
de amargura
interminable.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Llega despacio, no azotes la tapa del ataúd,
repíteme al frío oído
¡el viento no fui,
ni la sangre ni el reloj,
no he sido la boca,...no

Desnuda, toda desnuda,
de arena y viento desnuda,
¿de boca y voz?
desnuda de hierro dogmas,
de todos los muertos
que están en el rencor.

Deberás llegar desnuda y borracha,
deberás oler a sudor,
deberás llegar desnuda,
al último,
cuándo ya no sea, si es que fui...
algún día...yo

Así al momento de tu desnudez
por fin seré tu mano,
la tarde de huida
al extremo del mar,
el dulce vicio de tu seno...
tu oscuridad.

Más, que infelices fuimos en el ardor de las aceras,
tropezando entre las voces,
entre los ojos,
entre las tardes de manos enllagadas,

buscando la cruel moneda,
alimentando de sombras las mañanas,
que infelices fuimos,
amor,

¿dónde estamos?

que infelices...
y cuánto nos amamos.

domingo, 9 de septiembre de 2012

¿y vale la pena golpearnos los labios?

¿Qué le pasa a la noche cuándo lleva el miedo de luna queriendo horadarle el secreto?
¿qué le pasa a los perros del hosco cardumen guardado en la caricia barata?
Voltear a la calle para buscar al pajaro de nubes, voltear a la esencia de la rama,
¿del alma?,
despegar los pies de los sueños para no golpear los cráneos,
para no cerrar heridas.
 
Más yo no sé de la palabra que levante el orgullo, ni de las bandadas en flechas de lumbre que deshagan rapido las tristes pisadas, voy a penas y luego el dolor de las marcas,
¿qué se yo de las improntas que salten a la risa y a los desahogos?
 
Tendríamos que azúcar moldear las manos y luego y la lengua para poder salir a la calle y no hacernos daño, tendríamos que bestias amables tocarnos, tocarnos, acariciarnos de estrellas de minúsculos aires
que cambien miradas por sables.
 
Y unir la garganta para dejar que la rabia estalle y tocarnos los labios despacio para no despertar a las flores, marcharnos de polvo dentro de los zapatos y luego la calle por la calle dentro de la calle para unir las costumbres de gritar en silencio
para no despertarnos del miedo.
 
Me llevas en el centro de la eléctrica memoria pero sigues sin recordarme hasta el próximo trueno, hasta el día del corazón en los pájaros que lleven la antorcha a los pies del agua en la piedra,
a los nidos de arena que construyen los hombres de fuego,
a los centros del hambre cruel signo de la moneda,
a los ardorosos abrazos pasados los grises catafalcos.
 
¿y vale la pena golpearnos los labios?
 
 
 
 
 

martes, 4 de septiembre de 2012

La Voz en los esqueletos.

Para que quede claro primer llanto y abrir de ojos
en la arena, en las palmeras de setenta veces y uno
y la madre joven, morena, llena de tierra en la memoria
llena de pueblo, llena del hombre ya maduro, del hombre
tezón del desconsuelo.

Pobres, pobres como la luna, pero de mar a cada rato
aceite de palmera cada vez del hambre,
cada vez del sudor bajo los brazos,
cada vez de sol poniente profundo del infierno
en los mosquitos de las nubes
calor de madrugada de los perros.

Y así calle de piedra, pozo de piedra,
por que las costas son grandes barcos de remansos
alquimia entre los mangles y los ojos
de los marineros árboles sin pájaros,
por que uno no sabe
cuando la virtud de la llegada cuando la presencia
en los adioses.

Y uno no escribe por que aún no alcanza la muerte tan temprano
y espera la noche y la noche y la noche de los años,
y la noche de los daños,
y la sal de las heridas, y las púas del alambre,
a que decir del veneno en corazones
adquiridos en la sombra de hoteles de paso
lamidos en alcoholes después del desengaño.

Entonces es cuando la serpiente que no habías de odiar
llega a enredarse lapiz de las hojas, cuadernos de noctámbulos,
carbones del aliento, tinta de las flores en las tumbas
de los muertos.

Entonces es cuando el brillo de los ojos
arcos superciliares fisuras de la lluvia contenida
de la lluvia bajo el plomo en los huesos de los rostros,
la nausea de no hacer nada, la nada de no hacer nada,
la dura lengua envenenada critica por que no haces nada.

Y así te llega (me llega) (me llaga) desde no se que
terribles espirales la voz de los aullidos en la risa
de los muertos, los que viven, los que lloran, los que no saben,
aun no saben que ya están muertos.

Pero a pesar de la opaca voz de la garganta
cambia el péndulo en el agujero de gusano
hacia un universo paralelo parecido muy parecido
al mundo de los sueños.

Para volverse razón de la locura cada vez que amamos
cada vez que cuerpo en compostura, cada vez que aguja
de metano, cada vez que Kafka Vallejo Parra cada vez que
marea inconsistente en los orines de las grietas.

Por donde el pueblo donde la muerte llega a cada rato
y cuando llega es un dolor incontrolado
y el dolor es una fiesta
y la fiesta es un milagro.

Así que ahora me conoces
candil de los abismos
voy a la lumbre un rato
voy a sacarme los ojos.

Llámame por mi nombre
soy la voz de los despojos
álgebra de los gatos.
 
Tengo la sangre en el hondo viento
humo de las trincheras,
lo que aprendí de la escuela
lo llevo en las piedras.
 
De galaxias polvo humo
de las estrellas, astros de los lamentos
vuélvete a la voz
a la voz en los esqueletos.
 
 
 
 



lunes, 3 de septiembre de 2012

Casi al borde de la razón

Casi al borde de la razón
la locura del resuello
tenía de verde y la equidistancia
era una sirena de tu seno
tosías y tosías como si quisieras
derrumbar el esqueleto
como si no alcanzara
la panela de la taza
almizcle entre tus piernas
bajabas y luego el enrojecimiento
de las glándulas
férula del hombro
por que te amaba casi a rastras
y de tu boca salían mil demonios
llenos de sortilegios
¡no, no apagues la luz
gritabas!
es más rico el arrullo
de la luz
bajo la cama
De pronto la píldora
de todas las mañanas
y sin dinero en los bolsillos
y así se te hiban las ganas
así fue como comenzaba
la ceniza de la amnesia
el olvido de la lluvia
pero regresaba
siempre regresaba
y tu eras la cruel mariposa
el ombligo del camino
cartón de los que lloran
Ahora ya no huele
tu recuerdo
ya no duele
dibujo en los perfiles
nariz de los desaires
pero aquí la mano
y la quijada
y el antiguo gemido de
humedales
pero ya no duele
blancura de tus ojos
axila del escombro
Esta loco y luego
una noche me golpeaba
decias, decias
rincón de no me olvides
arrullo de tus ojos.
La muerte cobrará
por mucho
la distancia
del despojo.

sola, soledad de tus delirios.

Te besaba pero el olor a cerveza eructaba náusea de la noche, llegaban los brazos hasta las lejanas paredes y tu observabas la baba que escurría de la boca, y luego la escafandra en la mentira y la sonrisa en la mentira y la alúmina de rostros en la mentira, y tu cuerpo lleno de fruta en la mentira.
 
¿Porqué tiembla la noche en el hueco oscuro de tú noche? me llevas al vértigo y luego los nopales ya no nos representan, y luego viene acultura y extiende su capa negra para que enferme la memoria de los valles en los perros con el llanto en las lagañas de la luna.
 
¿Porqué gime la noche, porqué la puerta del miedo? Volvías y así toda la cama sin las tablas de la espalda, cajón como una tumba, pero yo te amaba, te dolía y me dolía y te amaba y tú no amabas y era el asma la caricia en el gatillo de las ganas.
 
Fue aquí en la estufa del silencio que encendiste la rabia, el golpe de sangre en tu vena amoratada recogida en las pirámides de tus pueblos, y así los ojos de la orquídea y así la llama del lenguaje, penetrada desde el ámbar en la lengua de los huesos.
 
¡Ah memoria encallecida en el íntimo rasguño de la lumbre, ah lengua enmudecida en las lozas de las flamas, y luego el barro que era el lodo del pelambre en las ojeras, y luego el ojo combustóleo en la negrura de la boca!, ¡ah lengua muda llena de penumbras!
 
Y el grito el grito el grito venía en los oblicuos de los grillos tempestades para que viniera la fiesta del barbado, para que viniera la fiesta de la cruza en los caldos de las vértebras, para que así pudieras dormir miles de años sin que el dolor arrancara tus manos.
 
Para que así pudieras derribar la piedra adorada, la imágen sagrada en los templos del estuco y la pluma del olvido en los quetzales de cenizas, mete ahora la cabeza dentro de la roca y ve que la hormiga de los tiempos se acomodan en la sombra.
 
¿Y de dónde el insomnio de tú carne? ¿y de dónde la sed de tú veneno? ¿y de dónde el dolor de tantos años? haz un hueco en la espiral de profecias, haz un libro en el costado de la lanza, en la dulce soledad que te castiga.
 
Por que ahora viene la alambrada del incierto, caliz derramado en las líneas de las púas, eructo auricular en los pómulos del robo, mínima hora de un tiempo que no existe, mínima falange entristecida de los hierros.
 
Sé que lentamente visto la blancura del vacio, la frágil orfandad del alfabeto, la huella que penetra hondo muy hondo en los cadáveres azules de los credos, pero tú el hombre y tú el olvido, pero tú la sola...
sola, soledad de tus delirios. 
 
 



viernes, 31 de agosto de 2012

Hasta que ya no la espera.

Así que ahora la espera pero cal y el viento tiene la ruta prohibida del beso y los acantilados tienen hierba crecida en la rugosa escama de roca desde que se vislumbra la calle, desde que se ostentan los puños en la aceras de grietas.
 
Rasgan las uñas los carteles y la tinta mancha los dedos linotipos y aguafuertes en los talleres al pie de las mesas, al sonoro que ruge la marcha y los invisibles héroes empujan y empujan a ver si no una bala los mata, a ver si no un libro se estampa en la cara y les quita la risa y les enciende la llama.
 
Pero van y hasta sonrientes y enojados lirios que el viento despeina y llevan hambre y coraje y llevan manos vacías llenas de ganas, y llevan la losa del hombre de piedra, del hombre de los paredones precoces, el hombre que no supo la hora en que oscurecieron las luces.
 
Pero van en línea como las hormigas que no saben que van en línea pero uno y boca a boca y saben que la esperanza es una hora de descanso para que venga la lluvia a mojarles la cara, para que venga la mano a besarles los labios mientras ellos cantan.
 
Así que ahora la espera mientras el se ríe y se ponen sus ojos en blanco porque el continente estalla en tres pedazos de bellos y negros diamantes que afilan los cuatro molares, que afilan las cuatro guadañas fosforecentes que llevan el tiro de gracia en el código de barras.
 
Yo aquí te espero línea de gente, ya ves tengo los huesos fragmentados y la llaga en la garganta que me escribe la muerte aquí en la mano y en la vena roja de un corazón lleno de humo lleno de apuntes que solo conocen algunos escuálidos raídos abecedarios.
 
Así que bridones de los catafalcos lleven el agua a las barrancas, ceibas de los ahorcados cierren los ojos para no asustar a las moscas, escriban la línea de espera sujeten las rejas hasta que el amor ya no duela, hasta que vuelva el mantel de la fiesta, hasta que el sueño profundo,
hasta que ya no la espera.
hasta que ya no la espera.
hasta que ya no la espera.

Hasta que ya no nos duelen los labios.

Llevar así la cara para que no sientan la tristeza y el dolor de los ojos, llevar así la garganta llena de hormigas, descubrir el grito en el grito del otro y escapar el aliento elevando el cometa de las cosignas que ya no se escuchan.
 
Tuve que arrojarle un libro a la cara para que pudiera reirse y abrir la ventana y mostrara un poco la lengua y tuviera que otear las páginas llenas de lumbre y tuviera que abalanzarse hasta los armadillos de estantes donde duermen despiertas las llaves secretas.
 
Tuve que tendón de Aquiles soportar astralagos para que no hubiera el derrumbe del hueso, el derrumbe de una mármol columna de siglos tendidos en los frágiles músculos, tuve que abrir la armadura para que respirara la herida de los calendarios.
 
Fue entonces que vi la calle y vi los paredones en los cañones del grito, y vi a los otros muertos de risa con los ojos desorbitados porque el continente se llenaba de insectos rabiosos prendidos de hieles en las fosforecencias de los códigos de barras.
 
Y las tiendas limpiaban sus pisos y acomodaban sus muebles para que escupieran los metálicos carros en los detectores de buenaventuranzas, para que danzaran las cálidas marcas brillantes de tanta etiqueta, de tanto lodo podrido en la subliminal belleza.
 
Fue entonces que vi a los múltiples rostros de los enojados labios, rostros de las cuarteaduras lanzas practicando el dolor de nadie, rostros de los múltiples calvarios sin rostro y sin manto, rostro de los zapatos y de los que tienen el sueño ocupado.
 
Fue entonces que cuchillos fueron las líneas que utilizaron los gritos, que utilizaron la rabia y sujetaron las rejas de los ríos de sangre, fue entonces que aprendí del grito que vivía en los ojos del miedo, en los ojos de los que sujetan bandera de patria olvidada.
 
Así que tuve que arrojar mis huesos a los ojos para que ya no dolieran, tuve que incendiar la escama de la tétrica llaga de una garganta úlcera de ramas y te tuve que ver y te tuve que doler desde el fondo álgebra de los alfabetos.
 
Y caminé a tu lado al lado de todos los espejos, al lado de todas las letras hasta que Dios mio perdónalos porque no saben lo que hacen y entonces la lluvia fue solo un trueno y luego el agua asfixiando.
 
Y caminé a tu lado hasta que el dolor metralla de los encontronazos en las intensas duras pirámides de las banquetas, donde me empuja y te empuja y luego todos nos empujamos hasta que ardidos de lluvia ya no volvemos a darnos las manos.
 
Nos acabamos del desgaste y del cansancio como raídos y oscuros catafalcos y luego pensamos en el hogar de la lumbre y nos vamos despacio, lentamente por donde comenzamos, lentamente, hasta que ya no nos duelen los labios,
hasta que ya no nos duelen los labios.

jueves, 30 de agosto de 2012

Mete una aguja sagrada en la vena oscura de éste mi cuello roto.

Ascendíamos o descendíamos y el ruido
de la cabeza cayendo escala y escalones
en el otro recinto donde la mano imploraba lluvia.

Quiéreme quiéreme decía y los granos de arena cubrían las tumbas
guardadas para la ocasión del desplome.

Como recuerdo el tranvía calle y aún el triciclo barato, verde, el del indito apache
y era joven la risa casi infante pero infame que el tiempo no se detenga y ahora éste grito de barro,
éste ir y venir desde que cuerpos van desde la sábana hasta el baño, gota en la gota porque el semen era rápido y ágil.

Pero ahora que olvidado del patio, de la rama en el pozo, de la teta en el pozo detrás del alambre,
pero ahora madura la hormona, madura la rabia, olvidado del joven labio sobre la rueda de la fortuna, ahora viene este duro calambre, este andar de gitano con la panza al aire,

ahora que estela de espuma la baba del aire ondea y ondea desde la línea de sangre,
desde que mares y mares y luego vino la puerta, la puerta secreta de la cobarde y grandísima putaletra.

Iracunda y miedosa como una lengua callada, bienamada y traidora llegaste tarde pero a tiempo de que te sobara la boca y te lamiera la axila llena de rosas, a tiempo del vuelco hacia atras de la mariposa negra que es el corazón que ya no traigo, escárbale, escárbale a ver si hallas algo, algo de un álgido robo del tiempo en el centro mismo de la pupila roja.

Mete un aguja sagrada en la vena oscura de éste mi cuello roto,
hoy pasa que me doliste, hoy pasa que me doliste,

llena de manos tú patria rota, llena de lodo árbol del sueño, llena de luna sol pirámide exacta, llena de incendios en los escombros,  llena de lobos mis ojos rojos.

Solo pasa que tengo sueño, que tengo un sueño, un sueño. 


martes, 28 de agosto de 2012

Porque no es poeta escribe como un loco.

Porque era así camino entonces la sal
de todas las bocas que llevaban agudos
en los verbos,
                                                                             la extraña aguja plantada,
el extraño sortilegio del día de las apariciones
en el cuarto de las llamas,

Crecias, crecias en asombro
péndulo en el orificio del ladrillo que aprendió a saber
de tu ojo,
                                                                                reloj oscuro,

lluvia que no merecia la puerta derrumbada
la caries de los años,
el óxido crispado en la uña de los gatos,
el machete abriendo el cuello de los gatos en la eterna huida del otoño,

el barco de plástico,
                                 el barco de plástico,
                                                                    el barco de plástico en el charco del niño muerto,

la hoja múltiple en que los perros saltaban a sus manos,
pero el poeta tenia la prisa de los libros que permanecían bajo un arco de barro,

sabía de las llagas tan temprano,
volvía de temblores lleno de gusanos,

ardía en cóncavos de extraños,         viene y luego viene
y sabe que está muerto pero brilla el epitafio,

lleno de calles, lleno de lúgubres anclas ya sin barcos,
pegado a las grietas camina con el sol en las paredes,

                                                                                          tiene torcidos los labios,

los pies cansados en un raro sabor a despedida que encuentra a cada rato,
y le queman los labios,
y le quema la angustia,
y le arroja si puede piedras a los charcos,
porque no es poeta sueña en el infierno,
porque no es poeta escribe como un loco,

porque a veces sube laberinto de la carne
al puntal de astros que hormiguean en los ojos
de los perros que ladran en silencio,
de la estatua mineral de un mar que ya no espera,

de un inciso curvatura en los dientes del difunto,
luego viene en tempestad remolino de las púas,

para encender un cigarro
y copular con la luna.

domingo, 26 de agosto de 2012

VenMar

Porque dejar de temer la roja mordedura
es ir desierto vuelo de arena
Porque dejar pájaros de sangre
desde el viento
es sombra de la duda.

Así que ahora ven
perro de los tiempos
fauces milagrosas
Así que lluvia del poema
trilla de los otros
sacude mi cabeza
laberinto
de teoremas.

Lengua de gato
en los ojos de los niños
ven a escribirme
las venas
ven a incendiarme
la ropa.

Parte filo del relámpago
la sombra
de mi boca.

Acomoda en mis ojos
naufragios de barcos
tizones ardiendo
que puedan ver
los pájaros faros.

Que estén pez de sangre
orquidea púrpura
de los acantilados.

Solamente así roca de los labios
permanecerá bengala de la risa
Solamente así ruido de asteroide
visiones de los locos
guadañas de los brazos.

Solo así metal del corazón
para no llorar a cada rato
Solo así cuchillo del incendio
ven a matarme para que llueva

Ven lumbre de los pasos.

Ven mar sal de los ojos
Ven mar sal de los huesos
Ven mar sal de los sueños
Ven mar sal del silencio

Ven mar sal de los muertos.

Ven mar deja tu bandera
en los túmulos de playas
así dentro mar de eternos cráneos
así mar violeta de la noche
eterno
instante
de los sueños.
de los sueños
de los sueños
de los     sueños
de    los   s
                  u
                     e
                        ñ
                          o
                             s
de los.....

Llega todo Todo llega

A pie de barro
A pie de alambrada cerca de las voces
a donde van los besos
A donde isla
dulce,
mínima, de esta sed amarga.

Porque sucede que la tumba es una rosa,
Porque sucede que la muerte
es otro círculo
donde danza el gusano
y caben
todas
todas
las estrofas.

Por la vez primera de la linea
que deja la estrategia de la hormiga,
candil de la noche
rencor de los labios,
 
Por estar desnudo
en cada hueso primitivo
en cada abrir
vena
en cada abrir
ojo
en cada
vez
que
caigo
lentamente
dulce...       l e n t a m e n t e  amargo

Por eso estoy aquí
verbo callado
es ahora
es ahora
es ahora:

reviéntame
los
labios.