jueves, 4 de octubre de 2012

Un perro cualquiera.

Estoy viendo como caminan,
como llevan en la prisa
la máscara del otoño,
cuánto hielo en la escafandra,
cuánto golpe en mi pelaje,

aullo, porsupuesto como todos los perros
reconstruyo mordidas
en la angustia recitando
a las hormigas bajo
las púas,
alambradas
alambradas.

Me quedo ciego
en el día
cuando no tengo dudas,
me abrazo a la noche
y sus secretos de pulgas,
a veces soy invisible,
a veces soy el golpe
en el hocico
con el palo
de la escoba,
aullo y amanece
de lagañas,
amanece y nunca supe
que la tierra era redonda.

Tengo el sueño
revelado en la ojera del salitre,
cada vez que el mar,
cada vez que el fantasma
que nadie mira
que nadie cree,

sé que ladro como un loco,
pero no tengo motivos
para guardar razones
en los ojos de los huecos,

estoy absorto del que llora
y del que pide.

Mi voz es una úlcera
que vive en mi garganta,
sé de cuerdas de árboles
que queman,
tengo tus años,
aún no nazco,

soy un perro
cualquiera:

y todo me parece
una orgía
de amargura
interminable.

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