lunes, 3 de septiembre de 2012

sola, soledad de tus delirios.

Te besaba pero el olor a cerveza eructaba náusea de la noche, llegaban los brazos hasta las lejanas paredes y tu observabas la baba que escurría de la boca, y luego la escafandra en la mentira y la sonrisa en la mentira y la alúmina de rostros en la mentira, y tu cuerpo lleno de fruta en la mentira.
 
¿Porqué tiembla la noche en el hueco oscuro de tú noche? me llevas al vértigo y luego los nopales ya no nos representan, y luego viene acultura y extiende su capa negra para que enferme la memoria de los valles en los perros con el llanto en las lagañas de la luna.
 
¿Porqué gime la noche, porqué la puerta del miedo? Volvías y así toda la cama sin las tablas de la espalda, cajón como una tumba, pero yo te amaba, te dolía y me dolía y te amaba y tú no amabas y era el asma la caricia en el gatillo de las ganas.
 
Fue aquí en la estufa del silencio que encendiste la rabia, el golpe de sangre en tu vena amoratada recogida en las pirámides de tus pueblos, y así los ojos de la orquídea y así la llama del lenguaje, penetrada desde el ámbar en la lengua de los huesos.
 
¡Ah memoria encallecida en el íntimo rasguño de la lumbre, ah lengua enmudecida en las lozas de las flamas, y luego el barro que era el lodo del pelambre en las ojeras, y luego el ojo combustóleo en la negrura de la boca!, ¡ah lengua muda llena de penumbras!
 
Y el grito el grito el grito venía en los oblicuos de los grillos tempestades para que viniera la fiesta del barbado, para que viniera la fiesta de la cruza en los caldos de las vértebras, para que así pudieras dormir miles de años sin que el dolor arrancara tus manos.
 
Para que así pudieras derribar la piedra adorada, la imágen sagrada en los templos del estuco y la pluma del olvido en los quetzales de cenizas, mete ahora la cabeza dentro de la roca y ve que la hormiga de los tiempos se acomodan en la sombra.
 
¿Y de dónde el insomnio de tú carne? ¿y de dónde la sed de tú veneno? ¿y de dónde el dolor de tantos años? haz un hueco en la espiral de profecias, haz un libro en el costado de la lanza, en la dulce soledad que te castiga.
 
Por que ahora viene la alambrada del incierto, caliz derramado en las líneas de las púas, eructo auricular en los pómulos del robo, mínima hora de un tiempo que no existe, mínima falange entristecida de los hierros.
 
Sé que lentamente visto la blancura del vacio, la frágil orfandad del alfabeto, la huella que penetra hondo muy hondo en los cadáveres azules de los credos, pero tú el hombre y tú el olvido, pero tú la sola...
sola, soledad de tus delirios. 
 
 



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