domingo, 9 de septiembre de 2012

¿y vale la pena golpearnos los labios?

¿Qué le pasa a la noche cuándo lleva el miedo de luna queriendo horadarle el secreto?
¿qué le pasa a los perros del hosco cardumen guardado en la caricia barata?
Voltear a la calle para buscar al pajaro de nubes, voltear a la esencia de la rama,
¿del alma?,
despegar los pies de los sueños para no golpear los cráneos,
para no cerrar heridas.
 
Más yo no sé de la palabra que levante el orgullo, ni de las bandadas en flechas de lumbre que deshagan rapido las tristes pisadas, voy a penas y luego el dolor de las marcas,
¿qué se yo de las improntas que salten a la risa y a los desahogos?
 
Tendríamos que azúcar moldear las manos y luego y la lengua para poder salir a la calle y no hacernos daño, tendríamos que bestias amables tocarnos, tocarnos, acariciarnos de estrellas de minúsculos aires
que cambien miradas por sables.
 
Y unir la garganta para dejar que la rabia estalle y tocarnos los labios despacio para no despertar a las flores, marcharnos de polvo dentro de los zapatos y luego la calle por la calle dentro de la calle para unir las costumbres de gritar en silencio
para no despertarnos del miedo.
 
Me llevas en el centro de la eléctrica memoria pero sigues sin recordarme hasta el próximo trueno, hasta el día del corazón en los pájaros que lleven la antorcha a los pies del agua en la piedra,
a los nidos de arena que construyen los hombres de fuego,
a los centros del hambre cruel signo de la moneda,
a los ardorosos abrazos pasados los grises catafalcos.
 
¿y vale la pena golpearnos los labios?
 
 
 
 
 

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