Para que quede claro primer llanto y abrir de ojos
en la arena, en las palmeras de setenta veces y uno
y la madre joven, morena, llena de tierra en la memoria
llena de pueblo, llena del hombre ya maduro, del hombre
tezón del desconsuelo.
Pobres, pobres como la luna, pero de mar a cada rato
aceite de palmera cada vez del hambre,
cada vez del sudor bajo los brazos,
cada vez de sol poniente profundo del infierno
en los mosquitos de las nubes
calor de madrugada de los perros.
Y así calle de piedra, pozo de piedra,
por que las costas son grandes barcos de remansos
alquimia entre los mangles y los ojos
de los marineros árboles sin pájaros,
por que uno no sabe
cuando la virtud de la llegada cuando la presencia
en los adioses.
Y uno no escribe por que aún no alcanza la muerte tan temprano
y espera la noche y la noche y la noche de los años,
y la noche de los daños,
y la sal de las heridas, y las púas del alambre,
a que decir del veneno en corazones
adquiridos en la sombra de hoteles de paso
lamidos en alcoholes después del desengaño.
Entonces es cuando la serpiente que no habías de odiar
llega a enredarse lapiz de las hojas, cuadernos de noctámbulos,
carbones del aliento, tinta de las flores en las tumbas
de los muertos.
Entonces es cuando el brillo de los ojos
arcos superciliares fisuras de la lluvia contenida
de la lluvia bajo el plomo en los huesos de los rostros,
la nausea de no hacer nada, la nada de no hacer nada,
la dura lengua envenenada critica por que no haces nada.
Y así te llega (me llega) (me llaga) desde no se que
terribles espirales la voz de los aullidos en la risa
de los muertos, los que viven, los que lloran, los que no saben,
aun no saben que ya están muertos.
Pero a pesar de la opaca voz de la garganta
cambia el péndulo en el agujero de gusano
hacia un universo paralelo parecido muy parecido
al mundo de los sueños.
Para volverse razón de la locura cada vez que amamos
cada vez que cuerpo en compostura, cada vez que aguja
de metano, cada vez que Kafka Vallejo Parra cada vez que
marea inconsistente en los orines de las grietas.
Por donde el pueblo donde la muerte llega a cada rato
y cuando llega es un dolor incontrolado
y el dolor es una fiesta
y la fiesta es un milagro.
Así que ahora me conoces
candil de los abismos
voy a la lumbre un rato
voy a sacarme los ojos.
Llámame por mi nombre
soy la voz de los despojos
álgebra de los gatos.
Tengo la sangre en el hondo viento
humo de las trincheras,
lo que aprendí de la escuela
lo llevo en las piedras.
De galaxias polvo humo
de las estrellas, astros de los lamentos
vuélvete a la voz
a la voz en los esqueletos.
Simplemente genial :)
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