lunes, 19 de noviembre de 2012

Bitácora de Guerra I

Este reloj de arena que son mis ojos,
este azul oscuro de los vacíos,
esta múltiple sombra que me controla me lleva al valle de la metralla,
al grito de fuego en los paredones,
al labio torcido por la rabia envasada en botellas de humo,
a los pies llenos de rasguños por la alambrada hostil
de la roca cruel que no sentía si Adelita se fuera con otro,
al metal ardiendo entre ceja y ceja por la carabina treinta treinta,
a sus ordenes mi comandante ya podemos empezar a comer mierda,
llueve a cántaros y este ferrocarril oscuro que nunca llega,
¡preparen!... ¡apunten!...
las sombras de la tarde en las trincheras de cananas y nopales,
los ladridos de los perros y las sombras solo las sombras,
mírame bién en los jacales,
en los ríos llenos de cuerpos y piedras,
no vayas a la hacienda "miliano" no vayas,
¡la cucaracha, la cucaracha ya no puede caminar!,
porque el humo en las neuronas para no sentir la mugre de los labios,
la pierna gangrenada y fragmentada en varios continentes,
la comida rancia,
la comida que no había y que no habla;
para morir a diario soy el que no he sido,
que no ves que ya soy otro en el papel que no respeto ni sus reglas,
¡vámonos a la bola que hay vienen los pelones!,
bolas de masa y paliacate para la comida,
bolas de saliva atragantada en el pecho,
bola de metal herrumbre en los cañones,
mugre en las uñas y los gatillos,
mi querido capitan no se me muera viene el refuerzo "dorado" tras la loma,
mira el campo son tantos los ojos que ya no miran,
tantas sombras de caballos negros que caminan
sin sus cascos;
pero ya alumbra la luciérnaga,
ya suena el campanario,
ya nos hará justicia la re...
¡fuego!...

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