lunes, 19 de noviembre de 2012

Bitácora de Guerra III

Los jóvenes miran la pantalla y son felices,
y también se enamoran a distancia
como antes se hacía con las cartas echas a mano
y una desconocida sin rostro leía casi llorando.

Los jovenes tienen internet y saben que detrás de las
pantallas y las redes alguién los ama, pero miran
en los espejos y saben que lo que miran no es cierto.

Es entonces que alistan el herraje y la montura
se pintan bigotes revolucionarios,
otros se alistan a la estación más cercana
y esperan a la gruesa y negra locomotora
que habrá de llevarlos.

Preparan la oxidada arma y se untan gel en el cabello,
ellas, hacendosas como siempre
muelen el maíz y bañan a los caballos,
soldaderas sin pago y con hambre,
se maquillan de negro las pestañas.

Y así, se toman una foto de frente o de perfil
con el rostro más limpio o el más iluminado;
con espuelas en las botas,
y como los más antiguos hacendados
de grandes sombreros
marchan en multitudes
hacia las trincheras...

"suben" las imágenes perfectas
a la red social
y vuelven a la escuela...
o al trabajo.

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