Desear desde la tarde y recostado en el vacío,
vacilante el descuido de la mesa,
arrojado al extrañamiento de toda tu mano,
de toda tú y el encanto de las venas.
Está ya la naranja, el cigarro y el tequila
que se beberán invisibles y extrañados
de tanto color en la azúcar de los cráneos.
El baile de las medusas y la línea
que lleva es otra pérdida de tiempo
si no vienes ya desnuda.
Desnuda, antes de que te vayas
ardorosamente penetrada
por debajo de la puerta.
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