Labios que fueron manos,
manos que fueron húmedos genitales,
los insectos en los ángulos de las telarañas.
Muy pequeña la voz, muy pequeña,
y el hartazgo de la sangre y las balas,
el listón negro en las muñecas laceradas
los ríos llenos de voces sin cuerpo.
el olor de la naranja, del azúcar, de los cráneos con nombres
en los niveles tradicionales de Mictlán, de los inframundos
todos y todos los esqueletos.
Supiste del hombre y su ventana
del camino verde en las flores amarillas
supiste de la niebla en los ojos
del frío y del óxido en las cuchillas amargas.
Te poseí como se posee un deseo,
una alucinación dentro de las grietas,
un instante que fue
cada vez, aveces,
entre los cercanos muertos.
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